Por Qué los Líderes Más Inteligentes Toman Malas Decisiones Bajo Estrés Crónico

Por Valeria Torres, Psicóloga Corporativa

 

Un lunes por la mañana, un ejecutivo me llamó antes de nuestra sesión programada.

Sonaba frustrado.

"Creo que tomé la decisión equivocada el viernes pasado."

Le pregunté qué había sucedido.

Me explicó que, después de una semana llena de reuniones, conversaciones difíciles, viajes y casi sin dormir, había tomado una decisión importante que afectaba a varias personas de su empresa. En ese momento le pareció completamente evidente. Se sentía seguro, decidido y convencido de que era el camino correcto.

Pero durante el fin de semana, algo cambió.

El lunes por la mañana, después de haber dormido un poco más y con algo de distancia emocional, observó exactamente la misma situación y no podía entender cómo había pasado por alto tantas variables.

No estaba cuestionando su inteligencia.

Estaba cuestionando su criterio.

Mientras hablábamos, le dije algo que pareció sorprenderlo.

"No creo que el viernes te hayas convertido en un peor líder."

"Creo que simplemente estabas tomando decisiones con un cerebro agotado."

Esa conversación se quedó conmigo porque refleja algo que veo una y otra vez en líderes de alto rendimiento.

Las personas más inteligentes de una organización no son inmunes a las malas decisiones.

En muchos casos, son las más vulnerables.

La Inteligencia No Te Protege de la Biología

Uno de los mayores mitos del liderazgo es creer que la inteligencia compensa el estrés crónico.

No es así.

Al cerebro no le importa cuántas empresas hayas construido, cuántos títulos universitarios tengas o cuánta experiencia hayas acumulado. Cuando permanece bajo presión durante períodos prolongados, comienza a modificar la forma en que procesa la información.

Las investigaciones de la American Psychological Association han demostrado que el estrés crónico afecta la corteza prefrontal, reduciendo la flexibilidad cognitiva, la memoria de trabajo, el control de los impulsos y el razonamiento estratégico. Al mismo tiempo, el cerebro comienza a depender más de patrones automáticos, soluciones conocidas y reacciones emocionales.

En otras palabras, cuanto más inteligente eres, más frustrante puede resultar este proceso.

Porque el conocimiento sigue ahí.

Lo que pierdes es el acceso constante a él.

Cuando la Experiencia Empieza a Jugar en Tu Contra

Después de años trabajando con ejecutivos, he observado que el estrés crónico rara vez vuelve imprudentes a los líderes.

Lo que hace es volverlos predecibles.

Bajo presión, el cerebro busca eficiencia. En lugar de explorar nuevas posibilidades, recurre automáticamente a las soluciones familiares. Los líderes se vuelven más rígidos sin darse cuenta. Interrumpen antes. Toleran menos la incertidumbre. Se vuelven menos curiosos y más convencidos de tener la razón.

Lo irónico es que esa certeza muchas veces se siente como confianza.

Cuando, en realidad, puede ser simplemente un estrechamiento del pensamiento.

Esta es una de las razones por las que incluso líderes con muchísima experiencia pueden tomar decisiones sorprendentemente limitadas.

No porque hayan olvidado todo lo que saben.

Sino porque el estrés crónico redujo silenciosamente el número de posibilidades que su mente era capaz de considerar.

La Decisión Más Peligrosa Es la Que Parece Obvia

El ejecutivo del que hablé al principio finalmente volvió a revisar su decisión.

No porque alguien lo hubiera cuestionado.

Sino porque se dio el espacio suficiente para pensar otra vez.

Una semana después se rió y dijo una frase que todavía recuerdo.

"El problema no fue haber tomado la decisión equivocada. El problema fue que nunca me di cuenta de lo cansado que estaba cuando la tomé."

Esa frase resume algo profundamente importante.

Muchos líderes creen que pueden evaluar objetivamente su forma de pensar incluso cuando llevan meses sometidos a estrés crónico.

La realidad es que el propio estrés también reduce nuestra capacidad para reconocer que nuestra manera de pensar ha cambiado.

Y ese puede ser su efecto más peligroso.

Los Grandes Líderes Protegen Su Criterio, No Solo Su Tiempo

Con frecuencia hablamos de proteger la agenda, las prioridades y la productividad.

Muchos menos ejecutivos piensan en proteger su criterio.

Sin embargo, el criterio es el activo que termina generando todo lo demás.

Determina las contrataciones.

La dirección estratégica.

El resultado de una negociación.

La cultura organizacional.

La innovación.

Toda decisión importante comienza dentro de un cerebro que está funcionando en su máximo potencial o que está funcionando bajo desgaste.

En un artículo relacionado, El Riesgo Silencioso que Todo Hombre de Alto Rendimiento se Niega a Enfrentar, exploro cómo muchos líderes exitosos se acostumbran, sin darse cuenta, a un rendimiento cognitivo reducido hasta que la falta de claridad comienza a parecerles normal. Reconocer ese cambio suele ser el primer paso para recuperar el nivel de pensamiento que los llevó al éxito.

Una Reflexión Final

A menudo me pregunto qué ocurriría si los ejecutivos midieran la calidad de su pensamiento con la misma disciplina con la que analizan los resultados trimestrales.

Creo que muchos descubrirían que su mayor limitación no es la estrategia.

Ni la competencia.

Ni el mercado.

Es el costo invisible de tomar decisiones importantes con un cerebro que nunca ha tenido la oportunidad de recuperarse por completo.

Porque los líderes inteligentes rara vez fracasan porque dejan de ser inteligentes.

Con mucha más frecuencia fracasan porque el estrés crónico modifica silenciosamente la manera en que utilizan esa inteligencia.

Y cuando finalmente se dan cuenta, la decisión ya fue tomada.

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