Lo Que el Poder Le Hace a la Mente con el Paso del Tiempo

Por Valeria Torres, Psicóloga Corporativa

 

Una tarde, estaba facilitando una sesión de coaching ejecutivo con un equipo de liderazgo que llevaba años trabajando unido. La conversación había sido productiva, honesta y, sorprendentemente, muy abierta. Los participantes cuestionaban ideas, aportaban perspectivas diferentes y debatían decisiones difíciles con respeto.

Cuando la reunión terminó, todos salieron de la sala excepto el CEO.

Cerró su computadora portátil, me miró y me hizo una pregunta que no esperaba.

"¿Puedo preguntarte algo que no tiene que ver con el negocio?"

Asentí.

Después de un largo silencio, dijo:

"¿Crees que el éxito cambia la forma en que uno se ve a sí mismo sin darse cuenta?"

No era la clase de pregunta que alguien hace porque busca tranquilidad.

Era la clase de pregunta que surge cuando, en el fondo, ya se ha empezado a notar la respuesta.

Esa conversación permaneció conmigo porque puso sobre la mesa algo de lo que rara vez hablamos cuando hablamos de liderazgo. Dedicamos incontables horas a analizar lo que el poder permite hacer a un líder, pero muy poco tiempo a comprender lo que el poder, silenciosamente, le hace a quien lo ejerce.

No ocurre de un día para otro.

No sucede de forma dramática.

Sucede lentamente.

Casi de manera imperceptible.

El Poder No Suele Corromper. Reescribe la Perspectiva Poco a Poco

Cuando las personas escuchan la frase "el poder cambia a las personas", suelen imaginar arrogancia, ego o abuso de autoridad.

En mi experiencia, el proceso suele ser mucho más sutil.

El poder transforma primero el entorno y solo después comienza a transformar a la persona.

A medida que los ejecutivos adquieren mayor influencia, quienes los rodean empiezan a hablar de forma diferente. La retroalimentación se vuelve más medida. Los desacuerdos dejan de surgir con la misma naturalidad. Las conversaciones pasan por más filtros, no porque las personas sean deshonestas, sino porque la jerarquía influye de manera natural en el comportamiento humano. Las personas buscan proteger las relaciones, eligen sus palabras con mayor cuidado y evitan generar fricciones innecesarias con quien toma la decisión final.

Con el tiempo, los líderes terminan viviendo en un entorno psicológico completamente distinto sin haberlo elegido conscientemente.

La sala se vuelve más silenciosa.

No porque todos estén de acuerdo.

Sino porque cada vez menos personas se sienten cómodas llevando la contraria.

El Día en Que Dejan de Corregirte

Uno de los hábitos más saludables de un líder es seguir siendo corregido con frecuencia.

Y, paradójicamente, es una de las primeras cosas que el éxito elimina silenciosamente.

Al comienzo de sus carreras, los profesionales reciben retroalimentación constante. Sus jefes los desafían. Los clientes cuestionan sus decisiones. Los colegas ofrecen perspectivas distintas. Cada error se convierte en una oportunidad de aprendizaje porque casi siempre hay alguien dispuesto a señalarlo.

Pero a medida que aumenta la responsabilidad, esos momentos empiezan a desaparecer.

Investigaciones publicadas en el Journal of Personality and Social Psychology muestran que las personas en posiciones de autoridad suelen recibir mucha menos retroalimentación honesta que quienes ocupan niveles inferiores dentro de una organización. El problema no es solamente recibir menos información.

Es recibir información menos precisa.

Y ahí aparece una de las mayores paradojas del liderazgo.

Cuanta más responsabilidad tienes, más autoconciencia necesitas.

Sin embargo, el propio entorno comienza a ofrecerte cada vez menos oportunidades para desarrollarla.

Cuando la Confianza Se Convierte Silenciosamente en Certeza

La confianza es una de las cualidades que permite a muchas personas convertirse en líderes excepcionales.

Pero, cuando nunca es cuestionada, esa confianza puede transformarse lentamente en certeza absoluta.

He visto ejecutivos volverse más decididos con los años, y eso suele ser una fortaleza. Lo que me preocupa es cuando la capacidad de decidir comienza a reemplazar la curiosidad. Los líderes dejan de preguntarse: "¿Qué es lo que no estoy viendo?" y empiezan a preguntarse únicamente: "¿Qué tan rápido podemos avanzar?"

Rara vez sucede de manera consciente.

Ocurre porque el éxito repetido refuerza los modelos mentales existentes. Las decisiones que funcionaron ayer empiezan a sentirse universalmente correctas. La intuición se fortalece mientras la curiosidad se debilita poco a poco.

El verdadero riesgo no es que los líderes experimentados dejen de aprender.

El riesgo es que, sin darse cuenta, dejen de exponerse a experiencias que los obliguen a seguir aprendiendo.

El Peso Psicológico de Ser la Voz Definitiva

Uno de los costos ocultos del liderazgo es que, con el tiempo, alguien debe tomar la decisión final.

Las personas esperan tu opinión antes de expresar la suya.

Las reuniones suelen terminar cuando tú hablas.

Tu perspectiva, de manera natural, pesa más que la de los demás.

Eso puede sentirse como una muestra de poder.

Pero también puede convertirse en una forma de aislamiento psicológico.

Los ejecutivos más sólidos que he conocido han construido intencionalmente relaciones con personas dispuestas a cuestionarlos. Buscan el desacuerdo en lugar de evitarlo. Invitan perspectivas que los incomodan porque entienden algo que muchos líderes olvidan.

Estar de acuerdo no siempre significa estar alineados.

A veces, simplemente significa actuar con cautela.

Los líderes que logran mantenerse con los pies sobre la tierra son, casi siempre, aquellos que nunca pierden acceso a conversaciones verdaderamente honestas.

La Humildad Se Vuelve Más Valiosa Cuanto Mayor Es el Éxito

Años después de aquella sesión de coaching, volví a reunirme con ese mismo ejecutivo.

Su empresa había crecido de forma extraordinaria. Sus responsabilidades se habían multiplicado. Su influencia era mucho mayor de lo que cualquiera de los dos imaginó durante nuestras primeras conversaciones.

Sin embargo, había un hábito que nunca había cambiado.

Al finalizar cada reunión importante de liderazgo, le hacía la misma pregunta a alguien de la sala:

"Dime una cosa que crees que no estoy viendo."

A veces las respuestas confirmaban su forma de pensar.

Otras veces la desafiaban por completo.

Él valoraba ambas por igual.

Un día le pregunté por qué seguía haciendo esa pregunta después de tantos años.

Sonrió y respondió:

"Porque el día que la gente deje de corregirme probablemente será el día en que me vuelva peligroso."

Nunca olvidé esa respuesta.

No porque reflejara inseguridad.

Sino porque reflejaba sabiduría.

La Mayor Ventaja de un Líder Es Seguir Siendo Capaz de Aprender

Los ejecutivos que dejan el legado más profundo rara vez son quienes más saben.

Son quienes nunca dejan de aprender, incluso cuando ya son las personas con más experiencia dentro de la sala.

Entienden que la autoconciencia no es algo que se alcanza una sola vez.

Es algo que debe protegerse continuamente.

Una reflexión relacionada, Las Decisiones que Definen Silenciosamente el Legado de un Líder, explora cómo el liderazgo duradero se construye menos a partir de momentos extraordinarios y más a partir de pequeñas decisiones repetidas durante años. Mantener la capacidad de aprender puede ser una de esas decisiones invisibles. Rara vez recibe reconocimiento en el momento, pero termina definiendo el tipo de líder que las personas recuerdan mucho después de que los títulos y los logros han desaparecido.

La Pregunta Que el Poder Termina Haciéndonos

El poder cambia a todo líder.

No porque el poder sea, por naturaleza, peligroso.

Sino porque transforma silenciosamente el entorno en el que ese líder piensa, decide y se relaciona con los demás.

Cuanto más tiempo lideras, menos probable es que el mundo te corrija de manera espontánea.

Y eso hace que, con el paso de los años, una pregunta se vuelva cada vez más importante.

¿Te estás volviendo más seguro de tus decisiones porque eres más sabio...

o simplemente porque cada vez hay menos personas dispuestas a cuestionarte?

La respuesta a esa pregunta puede determinar no solo la calidad de tu liderazgo, sino también la clase de persona en la que te conviertes mientras ejerces el poder.

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